Adecuación

El ser humano se calma cuando cree-siente-piensa que controla su entorno. Prever el futuro, saber con anticipación lo que sucederá la da la sensación de seguridad que calma las reacciones fisiológicas, compartidas con los animales, a la percepción de peligro: pelear, huir, paralizarse.  Pero la situación actual en la que la información con la que contamos cambia no solo día por día sino de fuentes de información a fuentes de información, y no se sabe a ciencia cierta cuales datos sobre la realidad externa son confiables y cuáles no, y tampoco se sabe con qué recursos inmunológicos emocionales y corporales internos contamos cada uno de nosotros porque nunca estuvimos expuestos (en la mayoría de los casos) a una situación ni remotamente semejante, la posibilidad de prever el futuro, y por consiguiente, sentirse en “control” para calmarse se ve dificultada.

La flexibilidad y la capacidad de cambio para ajustar nuestras conductas a la nueva información tanto sobre la realidad externa cuanto sobre nuestros recursos internos son las habilidades humanas que más se necesitan para navegar este momento de incertidumbre y de peligros que parecen cambiar a cada momento.

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